El pulso de la mirada: Ser la voz y el reflejo.
Hay oficios que se eligen con la cabeza y otros que se arraigan en el pecho, como una urgencia indomable. El ser periodista es, antes que nada, habitar esa urgencia. Es aceptar el compromiso silencioso de convertirse en los ojos de una sociedad que, a veces encandilada por el vértigo del día a día, olvida mirar hacia los costados o hacia las profundidades. No son meros relatores de lo que pasa; son quienes se quedan a mirar cuando el resto prefiere dar la espalda. Ser periodista es transformarse en el termómetro invisible de un pueblo. Sentir en la propia piel la fiebre de las injusticias, medir el frío de la indiferencia y captar, con el oído atento, el latido del humor social: esa risa colectiva que rescata o esa bronca sorda que anticipa la tormenta. Es una sintonía fina, un arte de equilibristas donde la única red de contención es la verdad.

Abrazada con honestidad, esta profesión se despoja de las luces de la vanidad para revelarse como lo que realmente es: una de las actividades más nobles de la condición humana. Porque no hay mayor nobleza que prestar la voz al que le fue arrebatada, ni mayor coraje que encender una pequeña llama de luz donde la oscuridad pretende hacerse fuerte.
A quienes eligen la responsabilidad por sobre el aplauso fácil; a quienes gastan las suelas, queman las pestañas y sostienen la mirada frente al poder; a los artesanos de la palabra que insisten en buscar la belleza y la justicia en medio del barro cotidiano…
Que la tinta nunca se seque y que el aire jamás calle.
FELIZ DIA PERIODISTAS Y COMUNICADORES!
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