Ensayo sobre la Sordera del Poder
Dicen los manuales de educación cívica que el poder emana del pueblo y que los gobernantes son nuestros representantes. Qué hermosa poesía, actualmente de ficción. La realidad, al menos la que respiramos aquí, nos cuenta una historia con menos épica y mucho más cinismo. Hoy, en Voz de Libertad, nos toca hablar del letargo institucional, de esa costumbre tan política de hacer lo que se quiere, esconder la inoperancia bajo la alfombra y obligarnos a nosotros, los ciudadanos de a pie, a convertirnos en despertadores humanos y fiscalizadores constantes, pinchando costillas ajenas para que aquellos que cobran por gobernar, simplemente, hagan su trabajo.

*Editorial por Pedemonte Martin para VozDeLibertad & #PrensaLibre, Zapala pvcia del Neuquen. 06/06/2026
Vivimos en la ciudad de las paradojas. El paraíso de la cosmética urbana.
Tenemos un intendente que nos regala el maquillaje del asfalto nuevo, ideal para que la vista descanse, pero sepulta bajo la brea negra la urgencia sanitaria de nuestra gente. Hay asfalto, sí, pero faltan cloacas. Faltan plantas de tratamiento de líquidos cloacales. El intendente nos habla de progreso mientras en ciertos barrios los vecinos todavía mendigan agua a través de mangueras comunales. Eso sí: el pasto de nuestras plazas bebe feliz de su sistema de riego automático. Al parecer, en esta ciudad, la clorofila tiene más privilegios hídricos que el contribuyente.
Y si hablamos de contrastes, hablemos de frío. Habitamos la Patagonia, en Neuquén, la tierra prometida, la matriz energética de la Argentina, la capital del gas que entibia a todo un país. Pero aquí, donde el viento corta y el frío de invierno quema la piel, nuestra gente clama a gritos en la noche no ya por la conexión de red, sino por la caridad de un pedazo de leña para engañar a la helada.
Pero no hay leña. Lo que sí hay son millones para el fuego de la festividad. Millones de pesos que se evaporan en la Fiesta del Asador, en la Fiesta de la Empanada y tantos otros eventos. Un circo humeante de brasas populares, con mucha carne en la parrilla pero nula transparencia en las cuentas. ¿Cuánto se gasta? ¿Cuánto se recauda? El silencio institucional es la única respuesta.
Ese mismo silencio baja en cascada desde un Ejecutivo de puertas blindadas. Tenemos un intendente al que hay que rogarle por una audiencia, alguien que parece haber perdido el sentido de la escucha. Y un Concejo Deliberante que ha confundido el recinto legislativo con una iglesia, dada su asombrosa docilidad para vivir de rodillas ante el altar del intendente.
Las leyes y ordenanzas, en Zapala, parecen tener la textura de una red caprichosa: atrapan a los peces chicos, pero los tiburones nadan a sus anchas.
Prohibición de pirotecnia: Tenemos una ordenanza que prohíbe los fuegos artificiales. Sin embargo, el cielo estalla en colores durante un partido de fútbol, mientras el propio intendente observa desde la tribuna. ¿La ley no lo obliga? ¿O la norma caduca, donde empieza el palco oficial?
El descanso de los muertos: Está prohibido mover cadáveres en pleno verano por cuestiones elementales de salubridad. ¿Qué hace el municipio? Ordena sacarlos igual, violando su propia normativa en la época donde expresamente no se debe hacer. La inoperancia no respeta ni a los vivos ni a los muertos.
Todo esto bajo la mirada complaciente de una Justicia que marca el tiempo con un reloj de arena roto. Una Justicia que avala una intervención eléctrica de más de dos años con la excusa de «limpiar el padrón» y llamar a elecciones en la cooperativa. Un trámite administrativo que lleva un par de meses, estirado a conveniencia. Una elección que se organiza en una semana, postergada por años.
Por eso nos toca a nosotros, los que no tenemos despachos ni firmas autorizadas, la tarea agotadora de presentar nota tras nota, interpelando por mesa de entrada. Pinchándolos para que nombren, por ejemplo, al reemplazante del contralor eléctrico. Una silla vacía en la CEEZ que nos cuesta la falta de control sobre los cuadros tarifarios y el cumplimiento de concesión.
¿Para qué están ahí sentados? ¿Para quiénes gobiernan exactamente? Si no están dispuestos a brindar explicaciones a la comunidad, si la transparencia les da alergia y el contacto con el vecino les incomoda, quizás equivocaron la vocación.
Mientras ellos jueguen a que gobiernan, nosotros desde aquí, y ustedes desde sus casas, tendremos que seguir siendo ese tábano insistente que pica y no deja dormir al caballo del letargo institucional. Hasta que se acuerden que no son los dueños de Zapala, sino apenas nuestros empleados.
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