La salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tuvo razones de peso que si los miramos en perspectiva, tienen un fundamento valedero y razonable. Si bien Argentina debió cancelar una deuda cercana a los 12 millones de dólares para completar el proceso de retiro, por año nos costaba esa cifra ser parte de la OMS.

Argentina (Efectiva en marzo de 2026)
El gobierno de Javier Milei notificó a la ONU su intención de retiro en marzo de 2025, formalizando la salida en marzo de 2026, en clara alineación con la decisión estadounidense. Las razones expuestas por la Cancillería y el Ministerio de Salud fueron:
- Defensa de la soberanía nacional: El argumento central fue recuperar la soberanía total y la capacidad de toma de decisiones en las políticas de salud interna, sin injerencia de organismos globales.
- Decisiones «políticas» vs. ciencia: Al igual que Washington, el gobierno argentino criticó duramente el manejo de la pandemia. Funcionarios declararon que las prescripciones y normativas de la OMS «no funcionan porque no se basan en la ciencia, sino en intereses políticos».
- Preferencia por el marco regional: Argentina aclaró que su salida de la OMS no significaba aislarse del sistema de salud internacional. El país decidió mantener su participación activa dentro de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y enfocarse en acuerdos bilaterales, considerando que esos canales son más efectivos que la burocracia de Ginebra.
En resumen, ambas salidas se justificaron bajo la premisa de priorizar la soberanía nacional frente a un organismo global al que ambos gobiernos consideraron ineficiente, politizado y opaco tras la crisis del COVID-19.
Estados Unidos (Efectiva en enero de 2026)
La administración de Donald Trump reactivó el proceso de salida mediante una orden ejecutiva en enero de 2025, concretando el retiro en enero de 2026. Sus principales argumentos fueron:
- Manejo de la pandemia y relación con China: Estados Unidos acusó a la OMS de encubrir los fracasos iniciales durante el brote de COVID-19 en Wuhan y de obstruir el intercambio de información crítica, rápida y precisa.
- Falta de independencia: El gobierno estadounidense argumentó que la OMS se negaba a implementar reformas urgentes y la acusó de seguir una agenda burocrática influenciada por naciones hostiles a los intereses de EE. UU.
- Carga financiera desproporcionada: Estados Unidos históricamente aportó la mayor cantidad de fondos a la OMS (cientos de millones de dólares anuales entre cuotas y aportes voluntarios). La administración consideró que estas exigencias de pago eran injustas frente a lo que aportaban otros países, y que el gasto carecía de transparencia y rendición de cuentas para los contribuyentes estadounidenses.
- Rechazo a nuevos acuerdos: Se interrumpió la participación en la negociación del nuevo Tratado de Pandemias de la OMS, argumentando que Estados Unidos protegería a sus ciudadanos liderando la innovación y la seguridad sanitaria global de forma independiente y a través de socios bilaterales directos.
Según los registros del presupuesto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y fuentes oficiales, el costo para Argentina se estructuraba de la siguiente manera:
- Cuota regular (Aportes obligatorios): Para el período de actividad bianual (2024-2025), la contribución esperada de Argentina rondaba entre los 8,2 y 9 millones de dólares. Esta cifra ubicaba a la Argentina como uno de los países de América Latina que más dinero aportaba al organismo, ya que las cuotas se calculan en proporción al Producto Bruto Interno (PBI) de cada país.
- En pesos argentinos: Para tener una referencia local, solo la cuota anual correspondiente al año 2024 ascendió a aproximadamente 1.385.740.000 pesos argentinos.
El costo de la salida: Para poder hacer efectiva su desvinculación, el gobierno argentino tuvo que desembolsar casi 12 millones de dólares. Este monto millonario no fue una «multa» por salir, sino que incluyó el pago de las cuotas adeudadas correspondientes a los períodos 2024 y 2025, sumado a los intereses generados por la mora en los pagos.
El canciller Pablo Quirno celebró semanas atrás la decisión adoptada por la Asamblea Mundial de la Salud, afirmando que “la República Argentina posee la capacidad sanitaria, técnica y la decisión política para proteger la salud de su población”. Por su parte, el ministro de Salud, Mario Lugones, respaldó la medida al señalar que “durante años, la OMS avanzó con una agenda marcada por sesgos ideológicos, alejándose de la evidencia y promoviendo políticas con consecuencias profundas, como las cuarentenas prolongadas, que priorizaron la política por sobre la ciencia”.
No obstante, detrás de esas declaraciones públicas, el debate en Ginebra fue mucho más conflictivo. Según reveló el portal especializado Health Policy Watch, la Asamblea Mundial de la Salud evitó reconocer formalmente la salida argentina, optando por una fórmula diplomática ambigua que dejó al país en un limbo institucional.
El debate resultó delicado porque la constitución de la OMS no contempla un mecanismo explícito para el retiro de Estados miembros. A diferencia de Estados Unidos —que al adherir en 1948 estableció su derecho a retirarse— Argentina carecía de una cláusula semejante.
Por ello, diplomáticos y expertos legales advirtieron que aceptar oficialmente la salida argentina habría creado un precedente histórico para el sistema multilateral de salud.
El gobierno paraguayo, bajo la presidencia de Santiago Peña, intentó apoyar la salida argentina, formando un frente pro retiro que no contaba con el respaldo del bloque noruego. Tras horas de negociaciones y tensiones entre delegaciones, la Asamblea adoptó una resolución de compromiso: tomó nota de la notificación argentina pero evitó validar jurídicamente el retiro. En la práctica, la OMS mantendrá abierta la posibilidad de una eventual reincorporación sin necesidad de un nuevo proceso de adhesión.
“El sistema de Naciones Unidas, en ausencia de una decisión expresa de la OMS para reconocer la retirada de Argentina, probablemente continuará listando a Argentina y Estados Unidos como miembros”, explicó a Health Policy Watch el ex asesor legal de la OMS Gian Luca Burci. Según la publicación, un caso similar ocurrió cuando siete países del bloque de la ex Unión Soviética intentaron retirarse entre 1949 y 1950, pero luego reanudaron su membresía sin un proceso formal de reingreso.
La comparación con la salida impulsada por Donald Trump resulta inevitable. En los pasillos de la OMS, varios diplomáticos interpretan la decisión argentina como un alineamiento ideológico directo con Washington, tendencia que podría variar con futuros cambios de gobierno en Argentina.