Parece que en nuestra querida Legislatura neuquina se ha perfeccionado una disciplina olímpica que, lamentablemente, no figura en París: el «esquive de bulto legislativo incomodo». Mientras los ciudadanos comunes nos esforzamos por llegar a fin de mes, nuestros honorables representantes oficialistas en el recinto parecen haber adoptado una filosofía de vida muy zen. ¿El lema? «¿Para qué tratar un proyecto de ley importante hoy, si puedo declararlo de ‘interés provincial’ y seguir tomando café y adulando al jefe?» Las estadísticas son, por decir lo menos, fascinantemente tragi-comicas. En este primer semestre de 2026, la máquina legislativa ha trabajado a un ritmo frenético para aprobar diez leyes del Ejecutivo y dos del Judicial. ¡Un aplauso! Pero la verdadera joya de la corona son esas más de 120 declaraciones de interés. Sí, leyeron bien: 120. Es reconfortante saber que, mientras los problemas estructurales esperan, la Legislatura no descansa en su misión de condecorar efemérides y eventos con la misma seriedad con la que un niño pone figuritas en el album de Panini.

- Editorial de Pedemonte Martin para Voz de Libertad, desde Zapala provincia del Neuquen. 30/06/2026
Pero el espectáculo mayor ocurrió este 30 de junio. Resulta que la Comisión de Asuntos Constitucionales, ese lugar mítico donde las leyes van a morir o a dormir el sueño de los justos, se suspendió. ¿El motivo? Misterio absoluto. El presidente de la comisión no asistió, no avisó, y —detalle de color— ni siquiera se molestó en presentar un certificado médico. Es decir, el hombre simplemente decidió que su silla estaría mejor vacía que ocupada debatiendo el proyecto de Declaraciones Juradas Patrimoniales.
¿Será que la transparencia genera alergia? ¿Será que ver el patrimonio de los funcionarios en blanco sobre negro es una actividad demasiado estresante para un lunes de invierno en Neuquén?
La diputada Brenda Buchiniz lleva 32 proyectos de ley sobre transparencia y control del gasto acumulando polvo en los cajones, mientras los pedidos de informes al Ejecutivo son tratados con la misma indiferencia que una factura de gas impaga. Mientras tanto, el funcionamiento de las comisiones es tan errático que ya suman 61 suspensiones este año. ¡Sesenta y una! Si un empleado privado faltara tanto sin aviso, probablemente ya estaría buscando empleo en LinkedIn, pero aquí parece ser el modus operandi para evitar que temas «incómodos» vean la luz del día.
La Legislatura se ha convertido tristemente en una especie de escribanía de lujo donde la eficiencia es proporcional a la cercanía con el despacho del Gobernador, donde los proyectos que a la ciudadania importan pasan a deposito, y si el proyecto es del Ejecutivo, sale con la velocidad de un rayo; si busca que los ciudadanos sepamos qué hacen con nuestra plata, entra en un agujero negro espacio-temporal.
Neuquinos, mantengan los ojos abiertos. Porque mientras nos distraen con diplomas y declaraciones de interés, el control sobre el Estado sigue estando en la lista de espera, detrás de algún decreto administrativo que, curiosamente, siempre tiene prioridad absoluta.
Parece que en la mayoria oficialista de la Legislatura, el único proyecto que siempre se aprueba por unanimidad es el de «no molestar al poder».
¡Qué vocación de servicio!