El banquete de las moscas: Crónica de un país distraído.
En el gran teatro de la decadencia argentina, los focos siempre apuntan al payaso equivocado. Nos hemos enamorado trágicamente de la anestesia, eligiendo el confort del escándalo barato por sobre la espina de nuestra propia realidad. Somos un barco que se hunde y, en lugar de achicar el agua, los pasajeros nos peleamos por ver quién sale mejor en la foto del naufragio.
Seamos brutales, porque la época no admite sutilezas: si Martín Menem tiene una cuenta secundaria donde despotrica en las sombras contra el propio Milei, la verdad, me nefrega. Si Lilia Lemoine se trenza en una riña de barro mediático y se cruza denuncias con Marcela Pagano, o si el inefable Danann gasta pólvora en denunciar a Lemoine… sinceramente, me chupa un huevo. Que el paqueton, que la vagina magica y todas esas pelotudeces nos bajan mucho el precio gente, dejemos de consumir estiercol y debatamos las cosas importantes.

*Editorial por Martin Pedemonte para VozDeLibertad, 30 mayo 2025
Nos han querido convencer de que el escote de una diputada o el embarazo de otra son asuntos de Estado. Nos tiran esa carnada fluorescente y la mordemos con la boca abierta. Y si denuncian a Adorni, la ecuación es simple: si es culpable, que vaya preso y punto. Pero que la Justicia haga su trabajo en silencio, sin robarnos la tapa del diario. El periodismo, ese viejo faro que alguna vez supo iluminar la costa, hoy debe ocuparse de lo importante.
Sin embargo, sería hipócrita señalar solo al mensajero. Los medios de comunicación son, al fin y al cabo, el espejo más cruel de nuestra propia miseria de consumo. Los diarios y los portales se llenan de lo que nosotros consumimos con desesperación. Si a los argentinos nos importan las pelotudeces, si le regalamos nuestro tiempo al morbo, entonces no nos hagamos los sorprendidos ni los ofendidos cuando el periodismo levanta y monetiza la pelotudez. Antes, el opio del pueblo venía auspiciado por los cortes de pollera o los escotes del bailando de Tinelli; ahora el reality show se mudó a las conferencias de prensa, a la camara de diputados, o de senadores con una senadora a los gritos fuera de microfono, porque por mas que te tiñas a veces lo oscuro no se quita, y a los carpetazos de Twitter con la cara de Adorni y compañía, ya esta, ya fue. Hemos cambiado de escenografía, pero seguimos siendo el mismo público. Dejemos de joder.
Afuera del circo, a la intemperie y sin señal de wifi, sangra la Argentina de verdad. Los índices de pobreza infantil rondan el 60 % a nivel nacional, un factor que limita de forma directa el acceso a la cantidad y calidad de alimentos necesarios para el pleno desarrollo durante los primeros años de vida Los problemas de esta tierra no caben en un trending topic. Hablamos del hambre estructural que rompe la panza. Hablamos de la desnutrición infantil que le devora el futuro y el cerebro a nuestros pibes antes de que aprendan a agarrar un lápiz. Hablamos de la falta de laburo, esa guillotina silenciosa que le castra la dignidad a familias enteras todos los días.
Necesitamos, con una urgencia de quirófano, sentarnos a deliberar sobre lo que duele. Hay que hablar de la educación, que es la única trinchera que nos queda. Hay que hablar de la discapacidad, tantas veces olvidada en el último cajón del presupuesto estatal. Tenemos que discutir cómo reconstruir una institucionalidad pisoteada y cómo extirpar, de una vez por todas, esa corrupción endémica que nos condena a ser una eterna promesa fallida.
Mientras seguimos debatiendo nimiedades de cotillón, el país se nos escurre entre los dedos. Es hora de apagar la pantalla del puterío. O empezamos a discutir y a hacernos cargo de las tragedias que nos definen, o nos resignamos a que nuestro único epitafio sea un chisme barato que nadie, absolutamente nadie, recordará mañana.